jueves, 12 noviembre 2009. Clara, la hija de mi amigo ex-poeta Daniel Verge y Ángeles, está sentada en el suelo inflando globos. No entiende por qué no suben hasta el techo. Para no decepcionarla, en vez de explicarle que sólo suben los globos de gas, les pongo cinta adhesiva y los pego al techo.
presentación
besos,
el próximo jueves 12
a las 20hen la librería "luces" de málaga
la editorial eppurcon antonio muñoz quintana al frente
presentará los dos primeros números
de la colección de poesía"la música de las esferas"
los dos primeros números somos
juan pardo vidal, "poesía para insensibles"
isabel bono, "poemas reunidos geyper"
si me queréi irze! (a luces)
+besos
el próximo jueves 12
a las 20hen la librería "luces" de málaga
la editorial eppurcon antonio muñoz quintana al frente
presentará los dos primeros números
de la colección de poesía"la música de las esferas"
los dos primeros números somos
juan pardo vidal, "poesía para insensibles"
isabel bono, "poemas reunidos geyper"
si me queréi irze! (a luces)
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baldosa motorizada
martes, 10 noviembre 2009. Un chico y yo nos desplazamos sobre el asfalto subidos a una baldosa. Tenemos que abrazarnos muy fuerte y mantener el equilibrio porque la baldosa va a mucha velocidad. El chico se sorprende cuando le digo que lo quiero. No nos conocemos de nada, dice. Es por la velocidad, respondo. Cuando la baldosa va lenta, te quiero menos, pero cuando acelera soy completamente feliz, le explico. El chico me besa. Entramos a toda velocidad en la Alameda, vemos a unos obreros extendiendo una red. La red nos detiene. Un policía nos pide el carnet de conducir. Nos somos peces, le grito. El policía nos mira asombrado, nos devuelve los carnets y dice que no hemos perdido ningún punto. Tengan cuidado, dice, hemos cambiado todos los semáforos por redes.
madre mía
lunes, 9 noviembre 2009. Después de tapizar varios sofás escondiendo en su interior unos sobres amarillos, salimos de una nave en el puerto. Todavía no ha amanecido. Una chica muy demacrada se me acerca, la cojo del brazo para ayudarla a caminar. Con las primeras luces veo que es Penélope Cruz. Con lo que yo he sido, dice. Le digo que está mucho más guapa sin maquillar, que no se preocupe por nada, porque un amigo nos va a llevar a casa. En la explanada del parking el poeta Alberto Tesán nos espera apoyado en su coche. Mira, parece un anuncio de perfume, le digo a Cruz. No consigo que se ría. Tesán se quita la camisa y dice que nos sentemos detrás para poder mirarnos las piernas. Efectivamente, al entrar, las faldas se nos suben. Madre mía, madre mía, dice Tesán.
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Mis tías cuchichean. Dicen que estoy desperdiciando la juventud por no maquillarme. Saco del armario una caja de zapatos llena de cajitas de sombra de ojos. Uso una morada en los párpados y un lápiz negro. Parezco un cuadro de Van Dongen. No me atrevo a salir.
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Mis tías cuchichean. Dicen que estoy desperdiciando la juventud por no maquillarme. Saco del armario una caja de zapatos llena de cajitas de sombra de ojos. Uso una morada en los párpados y un lápiz negro. Parezco un cuadro de Van Dongen. No me atrevo a salir.
realeza
viernes, 6 noviembre 2009. Cruzo la Plaza de los monos con Antonio Muñoz Quintana y otro chico que no conozco. En los escalones hay lápices tirados. Se agachan a recogerlos y me los dan. Me doy cuenta de que el chico que no conozco lleva puesto mi collar de cuentas de jade. No sé cómo decirle que me lo devuelva después de haber sido tan amable dándome los lápices. Llegamos a un restaurante, mi madre nos espera en una de las mesas. Al poco tiempo llega la infanta Elena y su marido. Se sientan con nosotros. La camarera les pone delante una cazuela de barro que rebosa comida. Dice que quiere hacerse una foto con ellos. Mi madre dice que se ponga a la cola porque ella está antes. Les digo que parecen tontas, y que deje de agasajarlos con cazuelas, que les ponga sopa como a todo el mundo. Marichalar se ríe a carcajadas. Tiene los dientes picados. Me levanto, lo señale y le grito que es un impostor. Acuso a Marichalar de haber robado mi collar. La infanta lo registra, lo saca de uno de los bolsillos, me lo devuelve y me pide perdón.
jedi y trapecio
jueves, 5 noviembre 2009. Llaman a la puerta, mi suegra corre a abrir a pesar de que se lo he prohibido. Empujo la puerta y corro hacia la terraza para impedir que entren por el tejado. Ya han entrado y dos hombres amenazan con violar a mi hermana. Me concentro y llamo a mi padre telepáticamente. Mi padre llega al instante vestido de Jedi. Les propongo a los intrusos un combate de espadas láser. Mi padre saca un boli Bic y lo empuña en posición de lucha.
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Desde un sitio muy alto veo una coreografía de cientos de personas, en plan "Viva la gente", vestidos de colores. Me fijo en una chica, está sobre el trapecio y lleva tacones. Deseo ser ella.
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Desde un sitio muy alto veo una coreografía de cientos de personas, en plan "Viva la gente", vestidos de colores. Me fijo en una chica, está sobre el trapecio y lleva tacones. Deseo ser ella.
etiqueta
miércoles, 4 noviembre 2009. Marcos Jurdao lleva la etiqueta de la camisa sobre el pecho, como si fuera una corbata. Le digo que le sienta muy bien, que está muy guapo. Juan Maldonado saca unas tijeras enormes y se la corta, la pone al trasluz de una bombilla para leer lo que dice y se ríe a carcajadas. Mi madre dice que no hagamos ruido porque las enfermas estás durmiendo. Dice que le ha dicho al hijo de la compañera de habitación de mi suegra que Alberto es médico. Le digo que no diga nada, que diga que es informático para que lo dejen en paz. Ella responde que eso es muy feo, mentir y ser informático. Adiós, le digo para no discutir. Antes de salir a la calle saco de un cajón una jeringa enorme llena de sangre y me voy con el miedo y la intención de ponérmela. Una vez fuera veo a una niña en bicicleta, a su alrededor, por el paseo marítimo gente con pinta de los años 70. Tiro la jeringa, me siento muy feliz.
peces rojos y albornoz
lunes, 2 noviembre 2009. Parece una película. Un chico está en el suelo, una excavadora levanta su cuerpo. Desde allí arriba ve cómo alguien tira una bolsa de plástico con dos peces rojos al agua. Él se lanza, como desde un trampolín, a rescatarlos. En ese momento, alguien cierra una trampilla bajo el agua y donde habían caído los peces y el chico, explota.
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Joaquín Reyes, de "Muchachada nuí", ha organizado una especie de competición por la ciudad que básicamente consiste en que todos huimos y unos tipos intentan dispararnos. Sólo quedo yo, me escondo en bodegas, entre cajas que huelen a humedad. Acabo dentro del tronco de un árbol. Dentro del tronco hay una escalera de caracol que me lleva a una buhardilla, donde Reyes me espera en albornoz. Sabía que ganarías tú, me dice.
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Joaquín Reyes, de "Muchachada nuí", ha organizado una especie de competición por la ciudad que básicamente consiste en que todos huimos y unos tipos intentan dispararnos. Sólo quedo yo, me escondo en bodegas, entre cajas que huelen a humedad. Acabo dentro del tronco de un árbol. Dentro del tronco hay una escalera de caracol que me lleva a una buhardilla, donde Reyes me espera en albornoz. Sabía que ganarías tú, me dice.
stella
domingo, 1 noviembre 2009. Estoy dentro de una especie de pecera de cristal con forma de cubo. A mi lado un hombre repuja una hebilla de cinturón. Veo pasar a Javier Laberia con una niña de la mano. Pienso que por fin tiene lo que siempre quiso, tres hijas (cuando en la realidad tiene una hija y un hijo). Miro a la niña alejarse de espaldas de su mano. Alguien me dice que se llama Stella.
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Busco una tienda de discos por los alrededores de la Plaza de la Merced. No reconozco ninguna tienda. Empieza a anochecer y hace frío. Me pongo una blusa muy fina sobre un jersey muy grueso con cremallera. Noto que la gente me mira. Me veo reflejada en un escaparate y, efectivamente, parece que vaya disfrazada.
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Busco una tienda de discos por los alrededores de la Plaza de la Merced. No reconozco ninguna tienda. Empieza a anochecer y hace frío. Me pongo una blusa muy fina sobre un jersey muy grueso con cremallera. Noto que la gente me mira. Me veo reflejada en un escaparate y, efectivamente, parece que vaya disfrazada.
bolsos
sábado, 31 octubre 2009. Le digo a mi hermana que salgo a comprarme un bolso. Dice que me acompaña y, en vez de vestirse, se desnuda. Ante mi cara de estupor, se pone varias prendas, unas encima de otras, hasta no poder moverse. Mientras espero a que se arregle, salgo a la terraza. En cada terraza del bloque que queda enfrente hay una chica con un bolso enorme, me lo muestran y se ríen.
café con gambas
viernes, 30 octubre 2009. Mi hermana y mis primas estás en el comedor de la casa de mi abuela sentadas alrededor de la mesa. Separan cosas inservibles y las meten en bolsas de reciclaje. Yo reviso cada bolsa. En la de cartones encuentro objetos de plástico, juguetes y tubos de vitamina C. Separo cada cosa con paciencia. En otra bolsa hay un álbum de fotos. En una de ellas mi madre está muy guapa y muy joven . Despego una foto y la uso como si fuera un teléfono, efectivamente mi madre está al otro lado y hablamos.
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Voy tumbada en el asiento de atrás de un coche. Veo cómo un paisaje de casas muy blancas va pasando ante mis ojos. Deseo que el trayecto no acabe nunca.
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Alberto, Salud y yo pedimos un café en una terraza. El camarero trae dos gambas enormes. Salud intenta pelarlas pero cada vez que las toca se convierten en otra cosa, unos bichos viscosos con coral muy desagradables. No entiendo cómo pueden tomar gambas con café. El mío, por cierto, no me lo han puesto.
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Encuentro un libro de Beckett con las páginas plastificadas en cristal. Parecen cartas. En una de ellas cuenta que estuvo en la feria de Málaga.
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Voy tumbada en el asiento de atrás de un coche. Veo cómo un paisaje de casas muy blancas va pasando ante mis ojos. Deseo que el trayecto no acabe nunca.
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Alberto, Salud y yo pedimos un café en una terraza. El camarero trae dos gambas enormes. Salud intenta pelarlas pero cada vez que las toca se convierten en otra cosa, unos bichos viscosos con coral muy desagradables. No entiendo cómo pueden tomar gambas con café. El mío, por cierto, no me lo han puesto.
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Encuentro un libro de Beckett con las páginas plastificadas en cristal. Parecen cartas. En una de ellas cuenta que estuvo en la feria de Málaga.
en tránsito
jueves, 29 octubre 2009. Unas azafatas me acompañan a un bar-librería mientras no sale mi avión. Está abarrotado. Una chica pide en la barra un libro de Juan Carlos Mestre. Tiene algunos poemas subrayados. Espero que no lo quiera para quedármelo yo, pero no digo nada. De repente el bar-librería se queda vacío. Sólo queda Daniel Verge en la barra. Siento una alegría inmensa al encontrármelo, alegría de reencuentro mezclada con la alegría de la primera vez. Él no levanta la vista del vaso.
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Una pareja muy feliz deja un montón de huevos sobre la encimera. De uno de ellos sale un pollo con la cabeza azul. De los demás empiezan a salir niños y niñas que caminan muy serios. Estoy asombrada. Uno de ellos es igual a mi suegro de niño. Pienso que cuando termine el extraño desfile tendré que elegir uno porque con todos no puedo quedarme. Se han colocado en fila sobre una cama turca. Algunos se han convertido en muñecos de plástico. Me llama la atención una niña desnuda, totalmente naranja. Cuando la aprietas suena un pito que lleva entre las piernas. Menos mal que el pito es de quita y pon, pienso.
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Estoy en un hospital o algo parecido. Me levanto descalza en mitad de la noche a buscar una tira de tela. Corro de vuelta a mi habitación sin encender las luces para que no me vean. Mientras corro, voy sacando hilos de esa tira de tela.
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Una pareja muy feliz deja un montón de huevos sobre la encimera. De uno de ellos sale un pollo con la cabeza azul. De los demás empiezan a salir niños y niñas que caminan muy serios. Estoy asombrada. Uno de ellos es igual a mi suegro de niño. Pienso que cuando termine el extraño desfile tendré que elegir uno porque con todos no puedo quedarme. Se han colocado en fila sobre una cama turca. Algunos se han convertido en muñecos de plástico. Me llama la atención una niña desnuda, totalmente naranja. Cuando la aprietas suena un pito que lleva entre las piernas. Menos mal que el pito es de quita y pon, pienso.
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Estoy en un hospital o algo parecido. Me levanto descalza en mitad de la noche a buscar una tira de tela. Corro de vuelta a mi habitación sin encender las luces para que no me vean. Mientras corro, voy sacando hilos de esa tira de tela.
lanza de quijote y fórmulas matemáticas
miércoles, 28 octubre 2009. Tengo delante un ordenador enorme. La pantalla del tamaño de una pared. Al abrir un mail del escritor Chivite la luz del monitor sale hacia la derecha y veo un paisaje con árboles y río. No hay nada escrito, sobre los árboles hay figuras pequeñas, parecen soldaditos de juguete. Al intentar tocarlos, aparece un mensaje escrito. He dejado el mensaje en la lanza, dice. Busco una lanza dorada que tenía un cenicero con forma de Quijote que había en casa de mis padres cuando era niña.
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Entro en un local muy blanco con paredes de baldosas y estanterías con tubos de ensayo. Me siento en una de las bancas, saco una libreta y pregunto a un compañero por qué lección van. Hoy es el primer día de clase, dice. Me alegro muchísimo porque pensaba que había llegado a mitad de curso. Copio las fórmulas matemáticas que hay en la pizarra. Según las escribo en la libreta van apareciendo tatuadas en la palma de mi mano izquierda. Eso no me gusta nada. Oigo una voz conocida, me vuelvo, en la fila de atrás está Aumesquet, un compañero de instituto al que no veo desde hace años. Está muy delgado, parece incluso más joven que entonces. Me hace señas, dice que después de clase tenemos que hablar.
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Entro en un local muy blanco con paredes de baldosas y estanterías con tubos de ensayo. Me siento en una de las bancas, saco una libreta y pregunto a un compañero por qué lección van. Hoy es el primer día de clase, dice. Me alegro muchísimo porque pensaba que había llegado a mitad de curso. Copio las fórmulas matemáticas que hay en la pizarra. Según las escribo en la libreta van apareciendo tatuadas en la palma de mi mano izquierda. Eso no me gusta nada. Oigo una voz conocida, me vuelvo, en la fila de atrás está Aumesquet, un compañero de instituto al que no veo desde hace años. Está muy delgado, parece incluso más joven que entonces. Me hace señas, dice que después de clase tenemos que hablar.
leonas, anillos y purranki
martes, 27 octubre 2009. Dos leonas pasean sueltas por la Plaza de la Merced, junto a la casa de Picasso. Se acercan, me quedo muy quieta. Una pasa de largo, la otra me ataca.
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Llego tarde a clase, antes de entrar me sacudo arena del pelo, la ropa y los zapatos. El profesor está escuchando la radio y los alumnos duermen en sus pupitres tapados con sábanas. Algunas sábanas son de papel de aluminio. Saco una caja de madera lacada, unos palillos y me dispongo a comer. Rosamari, mi amiga del colegio a quien no veo desde hace 30 años, me pregunta de dónde viene mi pasión por Oriente. Sentimiento primigenio, respondemos mi amigo Purranki y yo al unísono. Y es que Purranki está tumbado bajo mi pupitre. Lo miro y me sonríe.
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Envuelvo unos anillos de plata, de uno en uno, en unas servilletas de tela sucia enormes. Después me los voy metiendo en la boca.
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Tengo una semilla enorme con forma de huevo en un vaso de plástico. Junto a la pared hay un arriate de tierra color ceniza. Hundo la semilla sin dificultad. Le pregunto a Purranki, que anda por allí con su hija Irina en brazos, cómo puedo recordar dónde lo he sembrado. ¿Es un huevo que te traje de Japón?, dice. Sí, era un huevo, me lo comí y dentro tenía esto. ¡Es el primer huevo con semilla de la historia!, dice entusiasmado. Su hija, de apenas un año, baja de sus brazos, sube a un triciclo y se aleja vestida de novia.
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Llego tarde a clase, antes de entrar me sacudo arena del pelo, la ropa y los zapatos. El profesor está escuchando la radio y los alumnos duermen en sus pupitres tapados con sábanas. Algunas sábanas son de papel de aluminio. Saco una caja de madera lacada, unos palillos y me dispongo a comer. Rosamari, mi amiga del colegio a quien no veo desde hace 30 años, me pregunta de dónde viene mi pasión por Oriente. Sentimiento primigenio, respondemos mi amigo Purranki y yo al unísono. Y es que Purranki está tumbado bajo mi pupitre. Lo miro y me sonríe.
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Envuelvo unos anillos de plata, de uno en uno, en unas servilletas de tela sucia enormes. Después me los voy metiendo en la boca.
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Tengo una semilla enorme con forma de huevo en un vaso de plástico. Junto a la pared hay un arriate de tierra color ceniza. Hundo la semilla sin dificultad. Le pregunto a Purranki, que anda por allí con su hija Irina en brazos, cómo puedo recordar dónde lo he sembrado. ¿Es un huevo que te traje de Japón?, dice. Sí, era un huevo, me lo comí y dentro tenía esto. ¡Es el primer huevo con semilla de la historia!, dice entusiasmado. Su hija, de apenas un año, baja de sus brazos, sube a un triciclo y se aleja vestida de novia.
naranjas y purés
lunes, 26 octubre 2009. En un hotel nos han dado una habitación para minusválidos equipada con mil artilugios. A la hora de pagar tenemos que ponernos en la cola para minusválidos. La ventanilla es muy pequeña y está en alto. No entiendo nada y me alejo de allí. Una chica muy joven me acompaña, se parece a la poeta Bárbara Cumpián. Dice que tiene ganas de cumplir los 18 para comprarse un coche. En ese momento aparece Alberto con varias bolsas llenas de naranjas y varios litros de cerveza. No puede con ellos, le ayudamos. Aparece una chica en un coche sacado de una película del oeste y dice que nos lleva a casa.
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Estoy en la cocina de la casa de mis padres. Mi suegra dice que hay que tirar toda la comida. Le digo que yo me encargo. Cuando se va, la guardo y pequeños cuencos. Hago distintos purés para que no los reconozca. Uno de ellos es blanco con cuadrícula verde. me paso un rato mirándolo, es precioso. Otro es azul y me pregunto a qué sabrá. Mi hermana entra en ese momento, dice que es la hora de su té de melocotón. Le enseño un cuenco diminuto con puré fucsia. Ése quiero, dice. Se lo sirvo en una concha de la playa.
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Estoy en la cocina de la casa de mis padres. Mi suegra dice que hay que tirar toda la comida. Le digo que yo me encargo. Cuando se va, la guardo y pequeños cuencos. Hago distintos purés para que no los reconozca. Uno de ellos es blanco con cuadrícula verde. me paso un rato mirándolo, es precioso. Otro es azul y me pregunto a qué sabrá. Mi hermana entra en ese momento, dice que es la hora de su té de melocotón. Le enseño un cuenco diminuto con puré fucsia. Ése quiero, dice. Se lo sirvo en una concha de la playa.
ratón en pijama
domingo, 25 octubre 2009. Mi madre ha preparado la mesa y convocado a toda la familia. Esperamos a mi hermana y su marido, han ido a examinarse del carnet de conducir. Me quedo en la cocina mezclando en una fuente arroz con verduras en un cuenco. Mi tía Mari dice que yo aposté que llovería y que mi hermana no haría el examen, y que he perdido. No digo nada. Dos niños muy pequeños llaman en ese momento a la puerta, mi tía les da un bombón a cada uno y se van solos en el ascensor. Pienso que es una locura, pero tampoco digo nada. En ese momento aparece mi hermana compungida, sale de debajo de la cama. Dice que como llovía no fue a examinarse y que se han gastado todo el dinero que tenían en un coche que no podrán usar. Se sienta a comer como si nada. Mi cuñado lleva una caja de cartón enorme en las manos, me la acerca para que vea lo que hay dentro. Hay un ratón minúsculo con una especie de pijama blanco. No sé si está muerto o dormido, pero no pregunto.
carrasquilla, gas y berlín
sábado, 24 octubre 2009. Entro en la tienda de Carrasquilla que había frente a mi casa cuando era niña. En las paredes hay revistas donde yo salgo en portada. Miro a mi alrededor disimuladamente, pero nadie me ha reconocido. No sé si comprarlas todas para hacerlas desaparecer o desaparecer yo y no volver por el barrio.
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Mi abuela dice que antes de salir debo barrer la casa. Como no encuentro el recogedor, ato un trozo de papel a un palo. Todo lo que recojo vuelve al suelo. Bajo los muebles hay confeti y tapones de corcho. Miro a mi abuela esperando una explicación. Un golpe de gas me da en la cara. Mi padre es el especialista en gas, le digo a mi abuela. Mi padre aparece con un casco y una llave inglesa. En ese momento me doy cuenta de que llevo un bolso de fiesta colgado al hombro.
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Tengo delante un papel de regalo del tamaño de una sábana. Está arrugado, al pasarle las manos para alisarlo van apareciendo palabras. Miro a mi madre sorprendida. Mi madre me explica que es una carta del escritor Chivite y que debo encontrar el orden. ¿Tú no eras especialista en puzzles?, dice y se ríe. Sobre el estampado del papel hay dibujos y flechas que me llevan de un extremo y otro. Consigo con trabajo entender títulos de libros que debo leer lo antes posible. También hay borrones de tinta y dibujos esquemáticos de personajes. Se parecen a los dibujos de Kafka, dice mi madre. Ya no hay angustia que valga, leo en una de las esquinas. En la esquina opuesta el remite: Berlín.
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Mi abuela dice que antes de salir debo barrer la casa. Como no encuentro el recogedor, ato un trozo de papel a un palo. Todo lo que recojo vuelve al suelo. Bajo los muebles hay confeti y tapones de corcho. Miro a mi abuela esperando una explicación. Un golpe de gas me da en la cara. Mi padre es el especialista en gas, le digo a mi abuela. Mi padre aparece con un casco y una llave inglesa. En ese momento me doy cuenta de que llevo un bolso de fiesta colgado al hombro.
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Tengo delante un papel de regalo del tamaño de una sábana. Está arrugado, al pasarle las manos para alisarlo van apareciendo palabras. Miro a mi madre sorprendida. Mi madre me explica que es una carta del escritor Chivite y que debo encontrar el orden. ¿Tú no eras especialista en puzzles?, dice y se ríe. Sobre el estampado del papel hay dibujos y flechas que me llevan de un extremo y otro. Consigo con trabajo entender títulos de libros que debo leer lo antes posible. También hay borrones de tinta y dibujos esquemáticos de personajes. Se parecen a los dibujos de Kafka, dice mi madre. Ya no hay angustia que valga, leo en una de las esquinas. En la esquina opuesta el remite: Berlín.
miel y melena
viernes, 23 octubre 2009. Un tipo rueda una película en su casa de campo. Pienso que se trata de una porno por el decorado cursi-campestre y porque hay varias chicas medio desnudas. Hombres no hay. En realidad las chicas no hacen nada, simplemente sirven la comida que ha preparado el dueño de la casa. El tipo se parece a Max von Sidow. Mientras ellas se pasean con fuentes de hojaldres, él está abatido en una silla. Me siento a su lado sin decir nada. No me gusta que me observen, dice. Bajo a la cocina. Las chicas preparan borrachuelos, el suelo está pegajoso por la miel. Una chica me dice que soy a quien más han criticado mientras estaba arriba. La que más, repite. Bueno, al fin soy la primera en algo, le digo.
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En la terraza de un bar veo de espaldas a una niña de mi clase que tenía una melena negra, larga y espesísima. De frente a ella está Camilo de Ory. Cuando Camilo me ve, se levanta y golpea a la chica en la cabeza varias veces. La chica ni se inmuta. Camilo y yo nos miramos y nos reímos.
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En la terraza de un bar veo de espaldas a una niña de mi clase que tenía una melena negra, larga y espesísima. De frente a ella está Camilo de Ory. Cuando Camilo me ve, se levanta y golpea a la chica en la cabeza varias veces. La chica ni se inmuta. Camilo y yo nos miramos y nos reímos.
virginia y el supuesto vicente
jueves, 22 octubre 2009. Mi hermana ha vendido mi bicicleta de carreras. Tiene que llevársela a un portugués que vive en el pasaje que hay cerca de la casa de mis padres, donde siempre quise jugar de niña. Un chico pica piedras a la puerta del edificio, lo saludo en portugués. Se ríe y nos saluda con el mazo. Mi hermana desaparece con la bici y su nuevo dueño, mientras la espero miro vitrinas y estanterías, una chica abre una puerta y me dice que entre. Es Virginia. Tienes que ver esto, dice. Estamos rodeadas de montañas de basura, basuras ordenadas por materiales y colores. Montañas de trapos de flores, montañas de trapos de cuadros, montañas de botellas de plástico amarillo, montañas de tapones de corcho. Virginia y un chico que se parece a Vicente Muñoz Álvarez, bajan una de las montañas corriendo, al llegar abajo las piernas se le hunden en barro, se dejan caer, juegan a salpicarse como si estuvieran en la orilla del mar. No comprendo cómo no les importa ensuciarse, aunque siento mucha envidia. En una pantalla enorme que hay al fondo veo una escena en la que una pareja de ancianos desnuda a Virginia y al supuesto Vicente, los besan, los tocan con las manos llenas de barro. Pienso que lo que veo en esa pantalla es lo que está sucediendo en la cabeza del supuesto Vicente, que en ese momento me mira y saluda. ¿Has notado el terremoto?, dice Virginia completamente feliz. No le digo que sólo se trata de una máquina de asfaltar. Lo que sí le digo es que quiero irme a casa, estoy muy cansada, le digo. El supuesto Vicente me coge en brazos como si fuera una niña. Su ropa vuelve a estar limpia y huele a pan.
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En la entrada de la casa de mi abuela hay un taquillón enorme lleno de piedras. Las voy sacando, las limpio y las envuelvo en papel de seda. Un hombre me pregunta en inglés de dónde es cada una. Todas son de aquí, le digo en inglés. No hacemos nada, yo limpio las piedras y él me mira, pero me siento absolutamente feliz, pienso que podría pasarme así el resto de mi vida. En ese momento llega mi suegra y me pregunta si podé los geranios y si he visto lo que la lluvia ha hecho con el laurel.
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Hay una lectura en una clase que, por el tamaño de los pupitres, parece de parbulitos. No tiene ventanas, está rodeada de puertas abiertas que dan a un patio. Le pregunto a una chico si la lectura ha terminado. Dice que sólo la primera parte y que todos los poetas estaban borrachos. Me fijo en que sólo tiene una pierna y aun así parece muy feliz. En un rincón, veo a Jacinto Pariente intentando quitarse un zapato. Meto un dedo por un agujero y le rasco la planta del pie. Ya no me duele, dice. Un tipo que pasa a nuestro lado, al ver la escena, dice: Los poetas jóvenes me dais asco.
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En la entrada de la casa de mi abuela hay un taquillón enorme lleno de piedras. Las voy sacando, las limpio y las envuelvo en papel de seda. Un hombre me pregunta en inglés de dónde es cada una. Todas son de aquí, le digo en inglés. No hacemos nada, yo limpio las piedras y él me mira, pero me siento absolutamente feliz, pienso que podría pasarme así el resto de mi vida. En ese momento llega mi suegra y me pregunta si podé los geranios y si he visto lo que la lluvia ha hecho con el laurel.
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Hay una lectura en una clase que, por el tamaño de los pupitres, parece de parbulitos. No tiene ventanas, está rodeada de puertas abiertas que dan a un patio. Le pregunto a una chico si la lectura ha terminado. Dice que sólo la primera parte y que todos los poetas estaban borrachos. Me fijo en que sólo tiene una pierna y aun así parece muy feliz. En un rincón, veo a Jacinto Pariente intentando quitarse un zapato. Meto un dedo por un agujero y le rasco la planta del pie. Ya no me duele, dice. Un tipo que pasa a nuestro lado, al ver la escena, dice: Los poetas jóvenes me dais asco.
ian gibson
miércoles, 21 octubre 2009. Ian Gibson va a dar una rueda de prensa para presentar unos libros de poesía. Los autores están sentados entre el público. Gibson los va señalando con el dedo y grita, ¡Ahora lee tú!
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